Ego: Amigo o enemigo?

By: Franklin Moon

"Siempre he sido así", "si cambiar esto dejaría de ser yo", "nunca he sido bueno en tal o cual cosa". ¿Sabes qué tienen en común estas afirmaciones? Que todas ellas apuntan a un mismo fenómeno psicológico llamado EGO.


A menudo escuchamos afirmaciones del tipo: "ella tiene el ego muy grande", "fulanito no sabe controlar su ego" o (y esta me gusta) "me ha herido el ego". Pero no sé por qué a veces tengo la sensación de que mucha gente no sabe a ciencia cierta qué es el ego, cómo funciona, si es siempre nuestro enemigo o podemos hacer algo al respecto. Es por esto que he decidido escribir este artículo. Quiero que el lector comprenda lo más que pueda el conocimiento que estoy a punto de transmitir, fruto de mi investigación. Por ello me he decantado por utilizar un lenguaje ameno y directo, de hombre de la calle a hombre o mujer de la calle, nada más.


Comencemos:


1. Qué es el ego

"Conocerse a uno mismo es el principio de toda sabiduría."
— Sócrates


El ego no es más que la historia que te cuentas a ti mismo sobre quién eres como persona. Esencialmente, responde a tres preguntas que tu cerebro necesita para funcionar, estas son: ¿quién soy?, ¿de dónde vengo?, ¿a dónde voy? Sin esa historia estarías perdido, cada mañana serías un desconocido incluso para ti. Serías como Lucy en la famosa película "Como si fuera la primera vez".


A lo largo de tu vida has vivido todo tipo de experiencias: has vivido momentos de alegría, momentos de tristeza, de vergüenza, de miedo, éxitos, fracasos, etcétera. ¿El problema? En tu cerebro la información está desorganizada y necesita de un hilo (por así decirlo) que la conecte, necesita de un editor que organiza esos recuerdos. ¿Y quién es el encargado de esto? Has acertado: es el ego. Así que él hace el ensamblaje de todas esas experiencias en un personaje coherente. Ese personaje eres "tú".


Pero aquí hay algo importante: esa historia no es el problema; la verdadera tragedia es cuando confundes esa historia con la realidad. Esa historia es una versión editada. No es objetiva.


Es por eso que cuando alguien te hace una crítica y sientes que te atacan a ti personalmente, no te están atacando a ti realmente; están atacando a toda esa historia que tu mente creó para darle sentido a tu identidad, o sea, a tu ego. Y el ego no distingue la diferencia. Por eso duele. Las críticas no definen quién eres — sólo señalan algo sobre lo que hiciste.

2. Por qué existe

"El ser humano es una especie altamente social. Su supervivencia siempre ha dependido de pertenecer al grupo."
— Steven Pinker, psicología evolucionista


Porque sin él no podrías sobrevivir.


Lector: —¿Qué dijiste?


Hace miles de años, en la era paleolítica (la era donde se desarrolló tu subconsciente), los seres humanos, o el Homo sapiens —como prefieras llamarlo—, vivían en tribus de 50 a 150 personas. Los supermercados no existían, los apartamentos tampoco, las escuelas (eso ni se diga), la policía (ese nombre ni pensaba aflorar).


Dicho esto, si la tribu te expulsaba, tu destino era la muerte. Te enfrentabas a condiciones extremas (mucho frío); los grandes felinos como el tigre de dientes de sable estaban al acecho, y sin nadie que te cubriera la espalda, eras historia. Podías morir de hambre sin tu tribu para cazar, o incluso otra tribu tenía el poder de eliminarte, porque sin los tuyos eras presa fácil.


Vamos paso por paso, porque este punto es muy interesante y está estrechísimamente relacionado con la psicología evolucionista.


Ya sé lo que te estás preguntando: "¿y eso qué tiene que ver con el ego?".


Mi respuesta: TODO.


Porque a partir de lo explicado, el cerebro del ser humano evolucionó con una pregunta muy importante para su supervivencia: ¿cómo me ve la tribu?


Para responder a esta pregunta, tu cerebro creó una identidad, un personaje claro que la tribu pudiera reconocer, admirar y, sobre todo, ACEPTAR. ¿Quién fue ese personaje? Respuesta: el ego. Entiéndelo, por supervivencia y para mantenernos en el grupo, nos vimos obligados a ello.


Por eso la crítica duele como un peligro físico, por eso el rechazo tiene un olor a muerte, y por eso la validación se siente tan bien (es como decir: "ves, la tribu nos reconoce, sobreviviremos").


La amenaza cambió. La respuesta biológica no. Por eso el cerebro procesa el rechazo social como una inminente amenaza de muerte.

3. Por qué duele la crítica y buscamos validación

"El primer paso para cambiar es tomar conciencia."
— Nathaniel Branden


Ambas cuestiones vienen del mismo lugar y apuntan a un mismo fin. Recuerda, te había dicho que el ego es básicamente la historia que te cuentas a ti mismo para que tu identidad tenga sentido. Pues bien, el ego necesita que esa historia sobreviva y hará todo lo posible por lograrlo.


Cuando alguien te critica, el ego no escucha: "ese comportamiento estuvo mal" o "no debiste hacer eso". En cambio, escucha algo parecido a: "tu historia está equivocada", "tu historia está mal y no tiene razón". Y como la historia eres tú mismo, la crítica se convierte en un ataque personal. Por eso la respuesta inicial e instintiva no es curiosidad sobre la crítica, ni siquiera analizarla, sino… DEFENDERSE DE ELLA.


Fulanito me criticó, o sea que fulanito está atacando mi historia; y ¿quién le ha dado el poder a fulanito para atacar mi historia personal? Ese atrevido. Atentamente: el ego.


¿Ejemplos? En la vida real hay muchos, muchísimos, incontables, y a veces uno se encuentra en situaciones como estas:


Últimamente he estado tomando clases de verano, específicamente clase de matemáticas; la clase se llama Math 23 y es acerca de estadística. Allá en el aula la dinámica es la siguiente: el profesor explica un ejercicio y luego escribe un ejemplo para que lo desarrollemos nosotros mismos. Pasa que allá hay una chica que es realmente buena en matemáticas, ella es como la asistente no oficial del profesor (por así decirlo). Para ilustrar el ejemplo, le llamaré la chica M (porque es la inicial de su nombre). Pues bien, en el momento en que nos disponemos a desarrollar los ejercicios que el profesor deja en la pizarra, la chica M va silla por silla observando nuestros ejercicios y brindando su ayuda. Un día la chica M se percató de que una compañera se había equivocado sumando unas fracciones y señaló el error. La compañera, airada, le dijo a la chica M: "Tú no eres el profesor para decir eso". La chica M se volteó y se fue a otro lado.


¿Qué pasó aquí? Vamos a echarle un vistazo.


Cuando la chica M señala el error de la compañera, ella no escuchó "te equivocaste en el ejercicio". No. Su ego escuchó "la historia de que soy inteligente y capaz de resolver este ejercicio está equivocada". Y ahí el ego explotó.


En otras palabras:


¿Quién eres tú para tocar mi historia, para añadir líneas a mi narrativa? Atentamente: el ego.


Lo interesante de este ejemplo es que la asistente tenía razón, pues ella había hecho una crítica constructiva. No fue grosera con la compañera. Y esto, para el ego, hacía la crítica más amenazante.


Una crítica falsa, el ego la descarta en un santiamén, pero una crítica verdadera duele de verdad porque no tienes defensa lógica ante el argumento que se te presenta.


"Tú no eres el profesor para decir eso" fue la única salida que encontró el ego para proteger su historia. En otras palabras, prefiere cuestionar la autoridad de quien señala el error en lugar de evaluar si el error existe verdaderamente.

Por otro lado, la validación funciona totalmente al revés. Cuando alguien te elogia o te adula, eso es como droga para el ego. "¡Qué hermoso o hermosa eres!", "¡qué bueno eres!" o "¡qué inteligencia que tienes! Magnífica"… Cada vez que alguien te dice algo así, la historia del ego sobrevive otro día más. El ego respira metafóricamente.


Sí, soy inteligente, hermoso —que digo hermoso, soy hermosísimo—, con un excelente sentido de la moda, gracioso, y estoy emancipado económicamente. Así que sí, ese soy yo y gracias por reconocerlo. Gracias por validar mi historia. Atentamente: el ego.


El problema de vivir de la validación externa es que es una trampa, y de las peores. Pues el ego nunca se satisface, siempre busca más, y quiere más, y necesita más, y más y más todavía. Por eso hay personas que construyen su vida entera alrededor de la validación externa y aprobación de otros; nunca se sienten suficientes, y no son libres.


Buscar siempre la aprobación de los demás es un yugo que te va a salir caro, y aunque es natural (lo de la tribu, ¿recuerdas?), no es lo mejor a lo que se puede aspirar para vivir una vida auténtica. Por eso, cada quien debe tener sus propios valores y principios por los cuales regirse.


Algo importante a destacar es que no toda crítica es un ataque, y no toda evaluación es mentira. Todo se trata de saber gestionar tus respuestas emocionales ante tales eventos. Un ego sano (que veremos más adelante) es capaz de recibir una crítica, extraer lo útil y soltar lo demás sin la necesidad de contraatacar.

4. El autosabotaje

"Tememos nuestras más altas posibilidades. En general, tenemos miedo de convertirnos en aquello que podemos vislumbrar en nuestros momentos más perfectos. Y sin embargo, al mismo tiempo temblamos de debilidad, asombro y miedo ante esas mismas posibilidades."
— Abraham Maslow, The Farther Reaches of Human Nature


"Si lo hubiera intentado de verdad, seguro que lo hubiese conseguido", "si lo hubiese dado todo de mí, otro gallo cantaría", "si hubiese mostrado mi mejor versión con esta chica, seguro que no me rechazaría", "si hubiese ido en serio por este proyecto profesional, seguro que no hubiese fracasado"… Bien, ¿sabes a qué apuntan todas estas respuestas? A un mecanismo desarrollado por el ego llamado autosabotaje, o, para ser más específicos, autosabotaje sistémico.


El autosabotaje no es una estupidez humana. Es el ego queriendo proteger la historia que te cuentas de manera inconsciente. Entiéndelo, es su trabajo. El ego quiere ser consistente con esa imagen y la va a defender a toda costa.


Dicho esto, el ego tiene un miedo mayor que el fracaso. Tiene miedo a ser probado de verdad, tiene miedo a que la historia se fragmente, y eso no le agrada para nada. Porque si te lanzas de verdad (con tu mayor estrategia, con tu mayor habilidad y tus mayores conocimientos) y, aun así, habiendo dado todo, fracasas, ¿sabes qué pasa? Exacto, el ego se queda sin excusa y eso duele muchísimo.


Por eso el ego se inventa una solución interesante ante esta "problemática". ¿Qué solución? Como di a entender al principio de este apartado, esa solución es: NO TE LANCES DEL TODO.


Si no te muestras al cien por ciento, si no vas a por ese proyecto profesional con lo mejor de ti, si nunca estudias religiosamente para ese examen, si no publicas ese libro o ensayo que tanto esfuerzo te ha costado, si no entrenaste lo mejor para esa carrera de atletismo… Siempre tienes una excusa, siempre tendrás una salida de emergencia disponible para proteger la historia.


"No fracasé. Es que no lo intenté en serio. Yo te apuesto que si lo hubiese intentado de verdad, lo hubiese conseguido: ese ascenso sería mío, esa medalla hubiese estado en mis manos, fulanita y yo estaríamos de novios, mi proyecto profesional hubiese sido todo un éxito. Pero como no lo intenté con mi mayor capacidad, eso no sucedió". Atentamente: el ego.


¿Sabes por qué pasa eso? Porque el ego teme al éxito. El fracaso conocido da menos miedo que el éxito desconocido. A nivel subconsciente todos le tememos al cambio, porque ese cambio trae incertidumbre a nuestras vidas. "¿Pero este cambio traerá algo mejor o será peor?" es la pregunta que hace mella en nuestras mentes.


Tu cerebro no distingue entre peligro físico y cambio de identidad. Para él, ambos activan la misma alarma.


Tu mente ya tiene una imagen bien consolidada de ti mismo —los psicólogos lo llaman self-concept—. Cuando el éxito amenaza dicha imagen, el cerebro lo trata como una infección que debe combatir. Es el equivalente a tu sistema inmune a la hora de combatir un virus.


Cuando intentas cambiar, incluso a mejor, tu MENTE percibe que estás dejando de ser tú mismo.


El autosabotaje es el sistema inmune matando al éxito antes de que cambie quién eres.


Entonces escuchas esa voz taladrando dentro de tu cabecita: "esto no durará", "no me lo merezco", "van a descubrir que soy un fraude".


Esa voz no es humildad. Es el ego protegiéndose de la responsabilidad que viene con el éxito. Porque el éxito exige mantener el nivel —y eso da más miedo que el fracaso.


De hecho, le pasa a gente con éxito en ciertos ámbitos, pero es como si en el fondo no se lo creyeran. Algo chirría dentro de ellos. Es como si su propia MENTE dijera: —No querido/a, no me creo lo que está sucediendo aquí.


De hecho, en psicología existe algo llamado síndrome del impostor: es cuando crees que no mereces el éxito. Básicamente el ego se está protegiendo de una manera retorcida.


Un ejemplo de esto lo vemos reflejado en la historia del pintor Vincent Van Gogh

Este artista pintó alrededor de 900 obras en un lapso de 10 años de su carrera, pero solo pudo vender un cuadro en vida, llamado "El viñedo rojo", meses antes de morir. Murió en 1890.


No vendió un solo cuadro. Ojo, que no fue por falta de contactos u oportunidades.


Su hermano Theo Van Gogh era director de una de las galerías más influyentes de toda Europa, la galería Boussod & Valadon en París. Theo conocía a coleccionistas importantes, a críticos serios, a compradores con mucho dinero, y se los presentaba a su hermano Vincent constantemente.


Pero Vincent se cerraba la puerta él mismo.


Cuando Theo organizaba reuniones con coleccionistas y galeristas, Vincent se mostraba con un comportamiento errático, confrontativo, hablaba de arte de forma agresiva, y en lugar de vender sus cuadros, espantaba a la gente.


También quiso formar una "colonia de artistas" junto a Paul Gauguin, pero tuvieron problemas tras 2 meses de convivencia, y ese sueño murió con la misma intensidad que su propuesta.


Vincent Van Gogh también le enviaba cartas a su hermano donde le expresaba lo buen artista que era, seguido de una especie de autodestrucción narrativa donde se describe a sí mismo como "un peso para los demás", "un caso perdido" o como alguien que no merecía el dinero que Theo le enviaba mensualmente. Él mismo estaba acostumbrado a construir el relato de su fracaso. Ego puro.


Van Gogh no ignoraba su talento. Era perfectamente consciente de que era muy bueno en lo que hacía. Su problema era otro: el éxito lo obligaba a romper la historia que había protegido su ego todo ese tiempo, y a someterse a una imagen que tal vez no podía sostener.


Si Vincent vendía, si era reconocido, si entraba al sistema de esos pintores exitosos, tenía que comportarse como alguien que pertenece a ese sistema. Pero la historia que él se contaba a sí mismo estaba construida sobre otra base; él se veía más como "un hombre de sufrimiento" o "un genio incomprendido".


El éxito habría destruido el personaje que era.


Entonces el ego hizo lo que sabe hacer: protegió la imagen saboteando la oportunidad.


Tal vez por eso su famosa pintura La noche estrellada se hizo famosa años después de su muerte, específicamente en el año 1941, cuando fue adquirida por el Museo de Arte Moderno (MoMA) de Nueva York, donde se encuentra desde entonces.


Todo el mundo tiene evidencia real de competencia, logros, habilidades y hasta resultados. El problema es que la mente los ve como "suerte", "un golpe acertado" o "lo ayudaron las circunstancias". Mientras que los errores los registra como una prueba definitiva de que eres un farsante.


Para eso hay soluciones, y son:


1. Toma conciencia de este escurridizo proceso: en psicología, a mayor conciencia tenemos de algo, mayor poder tenemos sobre ese algo.

2. Desconectar tu identidad del resultado: si siempre buscas ganar, estás perdido; la infalibilidad no existe, cuanto antes lo aceptes, mejor te irá.

3. Acumula pequeñas evidencias: haz una mejora cada día, aunque sea pequeña —a este principio los japoneses lo llaman Kaizen—, y es muy efectivo porque reescribe tu self-concept lentamente sin que el sistema inmune lo detecte como amenaza.

5. Tu mente subconsciente, el ego y sus armas

"La mente puede ser nuestra mejor aliada o nuestra peor enemiga."
— Anónimo

Detrás de todo lo que yo he escrito en esto hay un jefe mayor, hay alguien que lo controla todo; es el sistema operativo con el que todos funcionamos, es como la parte gigantesca e invisible de un iceberg: estoy hablando de tu MENTE SUBCONSCIENTE.

Tu mente subconsciente es el sistema operativo de tu cerebro. Controla el 99% de lo que eres —tus miedos, tus deseos, tus reacciones automáticas— sin que te des cuenta de ello. Mientras lees esto, tu mente subconsciente está regulando tu respiración, tu ritmo cardíaco, tu digestión, etcétera, y todo sin pedirte permiso.

Mientras tu mente consciente procesa alrededor de 50 bits por segundo, tu mente subconsciente procesa 11,000,000 de bits en ese breve lapso de tiempo.

Tu mente subconsciente es la encargada de controlar casi todas tus funciones físicas, emocionales y mentales. Y no se le escapa nada. Tu subconsciente está pendiente de cómo te mueves, de cómo hablas, de tu postura, de lo que ves, de lo que oyes, de lo que comes, de lo que sientes. Tampoco se le escapa cómo te hablas a ti mismo (diálogo interno), las imágenes dentro de tu cabeza o tus creencias en todos los ámbitos de la vida. Y en función de lo que hagas, ella te premiará o te castigará.

Ella lo computa todo, llega a sus propias conclusiones y obra en consecuencia.

Ella te puede hacer un triunfador o un fracasado.

Pues bien, aquí te va un dato demoledor, de esos que asustan, así que agárrate que vienen curvas.

EL EGO es la creación más importante de tu mente subconsciente

Lector: —¿Me estás jodiendo, verdad?

Franklin Moon: —No. Y hay algo más: su intención siempre es positiva.

Lector: —¿Qué? ¿Mi mente está en mi contra, entonces?

Franklin Moon: —Depende de cómo lo veas, y de cómo la uses.

Franklin Moon: —Pero déjame te explico.

Si has prestado atención, sabrás que el ego es la historia que tu mente creó para que todas las experiencias de tu vida estén relacionadas y tengan sentido, aunque muchas veces esa historia no sea del todo real. Es una especie de construcción narrativa. Hasta aquí todo bien. El problema viene cuando tu mente subconsciente percibe que algo va a amenazar esa historia, y no se queda de brazos cruzados, pues tiene armas.

Lector: —¿Armas?

Lector: —¿Y yo las conozco?

Franklin Moon: —Por supuesto que las conoces.

Franklin Moon: —De hecho, te cruzas con ellas todos los días de tu vida.

Déjame que te presente a…

Las excusas, la desmotivación, el miedo, la distracción, la zona de confort, y muchas más que no me he decantado por mencionar, pero ya puedes hacerte una idea.

Franklin Moon: —¿Quieres que le echemos un zoom?

Lector: —Por supuesto.

Franklin Moon: —Allá voy.

Las excusas


No son mentiras conscientes. Son el ego generando una narrativa alternativa para que un posible fracaso no toque la historia.


Te da un problema para cada solución. Siempre hay una razón para no actuar.


¿Ejemplos? A tu alrededor hay muchos, pero quiero arrojar luz sobre uno.


Llevas semanas diciéndote que vas a empezar a entrenar en el gimnasio, pero cada día aparece algo. "Estoy muy cansado", "mañana empiezo en serio" o "espero a que pase esta semana ocupada".


¿Cansancio real? No te digo que no. Pero muchas veces es el ego protegiendo la historia de alguien que "quiere" estar en forma sin arriesgar el fracaso de intentarlo de verdad.


Si no vas al gym, nunca descubres si puedes o no puedes. La historia sobrevive intacta.
Y lo mismo pasa si quieres iniciar tu propio negocio. Porque el ego sabe que en el momento en que te lances, la realidad entra en acción. Y la realidad puede decir que no.


Mientras no te lanzas, sigues siendo alguien con una idea fantástica. En el momento en que te lanzas y fallas, esa historia se rompe.


La desmotivación


No es falta de energía. Es el ego frenando el motor de arranque cuando se acerca a territorio peligroso para la narrativa.


Justo cuando estás a punto de entrenar, de acercarte a alguien que te importa de verdad, de lanzar algo real, aparece la desmotivación y causa estragos.


No es coincidencia. Es una de las armas del ego.


¿Su propósito? Ya lo sabes: proteger la historia.

La distracción


Es la más sofisticada de todas. Cuidado con este elemento, pues todos tenemos una tendencia natural a caer en él.


Con la distracción, el ego no te dice "no lo hagas". No, te pone Netflix, el celular, una conversación muy relevante, revisar los correos o cualquier cosa que te consuma el tiempo y la energía que necesitarías para actuar.


Lo curioso de la distracción es que se amolda a los gustos de cada uno. Para algunos significa ir de compras; para otros, quedarse todo el día en el sofá viendo videos. Pero incluso quienes se creen productivos no están exentos: la distracción también se inmiscuye en su camino, solo que con un disfraz más respetable. Una persona a la que le gusten los libros puede leerse quince en un mes y convencerse de que está aprovechando el tiempo, cuando en realidad sólo cambió una forma de evasión por otra. No estoy en contra de leer, para nada — el problema no es el libro, es el exceso. Cuando le dedicas todo tu tiempo a una sola cosa, por más noble que parezca, estás pagando un precio: el de todo lo demás que dejaste de vivir.


Aclaración: no estoy en contra de lo mencionado anteriormente, pero todo a su tiempo. Nosotros mismos sabemos cuándo nos estamos distrayendo de algo, aunque no queramos reconocerlo.



La zona de confort


Muchas veces no es comodidad física. Es comodidad narrativa.


Puedes estar incómodo/a físicamente en un trabajo que odias, en una relación que no soportas, con personas cuya presencia te drena energía, entre otros. Aunque desagradables, todas estas situaciones apuntan a un mismo fin: la zona de confort, y la historia sabe cómo funciona en esos entornos. Lo desconocido duele más.


Así somos los seres humanos, le tememos al cambio. Es el ego eligiendo el dolor conocido sobre la incertidumbre desconocida.


"Mejor malo conocido que bueno por conocer".
Traducción real:


"Prefiero que mi historia no cambie, aunque me esté destruyendo".

El miedo


Activa la alarma antes de que pase algo real.


Antes de lanzar ese proyecto, antes de empezar a entrenar, antes de cambiar la dieta, antes de estudiar para ese examen que no sabes si vas a pasar, el miedo ya está ahí, bloqueando.


No es miedo al fracaso real. Es miedo a que la historia quede expuesta.

El patrón de todas estas armas


Todas estas armas que acabamos de ver siguen un determinado patrón, este es:


Amenaza la historia → ego activa el arma → tú no avanzas → la historia sobrevive.


El ego cambia de arma dependiendo del momento, pero el mecanismo es siempre el mismo.

6. La solución: ego bueno y congruencia

"Son nuestras decisiones y no nuestras condiciones las que determinan quiénes somos."
— Inspirado en Viktor Frankl, creador de la logoterapia


A lo largo de estas páginas he mencionado los matices negativos del ego de una forma malévola, he pintado al ego como un villano, como una narrativa que nos desfavorece en lugar de hacer todo lo contrario. Después de todo lo que hemos visto, puede que estés pensando que el ego es tu enemigo, que hay que eliminarlo, sacarlo de raíz, o simplemente que sería mejor vivir sin él.


Lo sé, y lo he hecho con un propósito.


Me he guardado lo mejor para el final.


La respuesta es un rotundo NO.


El ego no es el problema. Nunca lo fue.


Lector: —Exijo una explicación.


Franklin Moon: —Aquí va.


El verdadero problema es vivir dentro de una historia que otros fabricaron para ti. Una historia construida a base de tus fracasos pasados, por comentarios que hicieron sobre ti, por los rechazos que recibiste, por la familia, por la cultura, por el barrio, por los vecinos.


Y defender esa narrativa construida como si fuera la verdad absoluta de lo que eres, de quién eres realmente como persona.


¿Estás viviendo una historia que elegiste o una que te ha sido autoimpuesta?


Pregúntatelo con total honestidad antes de defender con uñas y dientes una historia que ni siquiera elegiste conscientemente. Quítate la venda, vuelve a leer estas líneas si no lo comprendes, porque si te quedas con esto de todo lo que aquí he expresado, bien podrías decir que has avanzado un peldaño en tu vida.


La solución no es destruir el ego.


La solución es reescribir la historia conscientemente y con evidencia real.


Es aquí donde entra la palabra más importante de todo este artículo, y esa palabra es… CONGRUENCIA.


Incluso tengo un collar con esas palabras inscritas, y cada vez que lo miro me recuerda lo mucho que vale tenerla presente. Es como un artefacto que me devuelve a lo más importante, que me recuerda que mis palabras, deseos y pensamientos deben estar en perfecta armonía con la clase de persona en la que me quiero convertir.


Esto no es positivismo barato. No es repetirte frases bonitas en el espejo hasta quedar demente.


Es simple pero brutal:


Que lo que declaras ser coincida con lo que haces cada día


Si dices que eres alguien que cuida su salud, entrena.


Si dices que eres alguien que quiere aprender inglés, estúdialo y háblalo.


Si dices que eres escritor, escribe.

Cada acción congruente, aun cuando no estés motivado, cuando tengas miedo, cuando las excusas te abrumen, es un ladrillo de nueva historia. Y tu mente subconsciente procesa ese cambio. Porque esas armas siempre intentarán sabotearte, debes estar preparado para ellas. Con total seguridad, llegará un día en que tu mente deje de defender la historia vieja y empiece a defender la nueva con la misma ferocidad. Entonces el ego habrá evolucionado. Porque el ego de una persona que ha alcanzado la cima no es el mismo que el de aquel que aún está en el camino, porque el ego va evolucionando, pero ese es otro tema.


Lo que acabo de explicar es la base para sentar lo que sería un ego bueno. No el que defiende una historia autoimpuesta por otros, sino el que defiende una historia que tú mismo elegiste construir.


¿Qué historia estás protegiendo que ya no te sirve?


Tú decides si quieres seguir defendiéndola o empezar a reescribirla.


Lector: —¿Y por qué esas armas no me dejan en paz?


Franklin Moon: —Porque son parte de ti, es parte de tu biología como ser humano.


Es como que muy en el fondo nosotros tenemos miedo de encontrarnos con la mejor versión de nosotros mismos. Es como que tenemos miedo al éxito, no porque eso nos perjudique —no, no—, sino porque tenemos miedo a encontrarnos con la incapacidad de sostener esa imagen. Es como que tenemos miedo de no tener la gallardía, o de no tener la capacidad de sostener la mejor versión de nosotros mismos, de sostener el éxito. Y es como que muy en el fondo nosotros sabemos eso —la mayoría de la gente, o todos, sabemos eso—, pero muy en el fondo, aunque mucha gente no sea consciente de ello, esas creencias están ahí.


En psicología es conocido: el síndrome de Jonás —Maslow lo planteó—. El miedo no a ser inadecuado, sino a ser grandioso. A tu propia luz, no a tu oscuridad.


El autosabotaje, ¿recuerdas?


Y el mecanismo de defensa es elegante y traicionero al mismo tiempo: el subconsciente te sabotea antes de llegar arriba. No porque quiera destruirte, sino porque cree que te está protegiendo de la humillación de subir y caer.


El problema real no es la capacidad de sostener el éxito. Es que nunca te has visto sostenido en esa imagen el tiempo suficiente para creerla. No hay evidencia acumulada todavía.


En síntesis: no es miedo al fracaso. Es miedo a subir y no poder quedarte arriba


Pero tú le vas a demostrar lo contrario a esas voces. Aunque caigas, debes volver a levantarte; es un proceso, es un camino, es una ruta. Y yo, querido, querida, te estoy brindando un mapa.


Dalo todo, ve con tu mayor inteligencia, con tu mayor gallardía, con tu mayor capacidad, con tu mayor congruencia, con tu mayor energía. Da el 100%. Eso sí que lo puedes controlar. Y muy importante: indiferencia ante el resultado. Que un mal resultado no te quite el sueño; además, la infalibilidad no existe, es una ilusión. Depender siempre de un buen resultado es como pedirle a gritos al universo que valide tu ego. En la práctica esto es algo muy difícil, pero se puede trabajar. Es como un músculo que se entrena cada día.


Porque no se trata de "ya superé el ego" —no funciona así—, porque la pregunta correcta no es "¿cómo me libero del ego?" sino "¿cómo vivo en relación sana con él, hoy, y mañana otra vez?". Es un trabajo diario. ¡DE POR VIDA!


Así que quiero volver a remitirme de nuevo a estas líneas:


¿Qué historia estás protegiendo que ya no te sirve?


Tú decides si quieres seguir defendiéndola o empezar a reescribirla.


Recuerda que tú tienes el poder.


Lector: —¿Qué poder?


Franklin Moon: —El poder de elegir.


Fuentes bibliográficas


https://ladiscrepancia.com/el-ego-como-identificarlo-y-trascenderlo/


https://www.bioguia.com/tendencias/ego-bueno-ego-malo-equilibrio_80695441.html


https://youtu.be/rX7rOHIKyr4?si=wghvLLIGxyW39Vv


Libro Psicologia del exito – Mario Luna


Libro Pensar rápido, pensar despacio – Daniel Kahneman


Libro El ego es el enemigo – Ryan Holiday


Libro El Hombre en busca del sentido – Viktor Frankl

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